LET ME GO!
Una inmersión tragicómica en lo que no sabemos soltar
Let Me Go! es una meditación tragicómica sobre una herida universal: la imposibilidad de olvidar. La obra sigue a un hombre que, incapaz de superar a su primer amor, decide hacer cualquier cosa para borrarla de su mente. Ha probado de todo, pero la memoria —caprichosa, indomable— parece tener sus propias reglas. Lo que empieza como un gesto desesperado de supervivencia emocional se convierte pronto en un viaje hacia un territorio que se mueve entre la realidad, el sueño y el delirio.
El punto de partida es cotidiano: un reencuentro con una ex. Sin embargo, la escena se despliega hacia un espacio onírico donde lo íntimo se vuelve simbólico y lo personal, profundamente universal. A través de un lenguaje híbrido que combina la palabra, la acción física y la imaginería inconsciente, la obra penetra en la mente del protagonista para mostrar lo que ocurre cuando intentamos arrancarnos un recuerdo que, paradójicamente, sostiene parte de quienes somos.
Let Me Go! propone al público una experiencia hipnótica y emocionalmente honesta: un viaje interior donde conviven humor, ternura, crudeza y poesía. Aquí, reírse es tan necesario como reconocerse, y la risa se mezcla con el dolor con una naturalidad casi catártica. El espectáculo se construye como un espejo del inconsciente, donde bucles temporales, voces internas, apariciones del “doble” y pequeñas fisuras de lo real funcionan como detonadores de una reflexión profunda sobre la identidad y el apego.
Una arquitectura emocional convertida en escena
El espacio escénico es uno de los ejes de la propuesta. La obra transcurre en un apartamento diminuto de dos pisos, suspendido entre la memoria y el presente. La planta inferior —cálida, doméstica, cargada de ecos— remite a lo cotidiano: una cocina, una ventana, un rastro de vida que ya no está. En el piso superior, un pequeño baño blanco funciona como santuario mental: un lugar desde donde el protagonista intenta purificarse, ordenar y comprender.
Esta verticalidad no es un capricho estético; es la representación física de la lucha entre cuerpo y mente, deseo y razón. El personaje sube y baja constantemente, atrapado en un bucle emocional que revela lo difícil que es abandonar aquello que, aunque duela, fue alguna vez hogar.
La escenografía, además, dialoga con una problemática muy contemporánea: la dificultad de habitar. No solo un espacio físico —cada vez más reducido, más inestable, más precario— sino también uno emocional. Let Me Go! sitúa al personaje en un apartamento tan frágil como su memoria, tan inestable como su necesidad de soltar.
Luz, sonido y delirio: una dramaturgia sensorial
La iluminación juega un papel fundamental en la narrativa emocional. Los tonos cálidos y anaranjados dominan la parte inferior, evocando el fuego del recuerdo, la pasión y la herida. Arriba, una luz blanca y difusa sugiere el esfuerzo por comprender, por limpiar, por empezar de nuevo. A medida que la obra avanza, estas fronteras visuales se desdibujan: las luces cálidas invaden el baño, las sombras aparecen donde debería haber claridad. La luz recuerda. La luz duda. La luz también quiere olvidar.
El diseño sonoro, original y profundamente emocional, acompaña este viaje como un personaje más. Capas de electrónica íntima y texturas ambientales envuelven al espectador en un paisaje hipnótico que late al ritmo de la memoria, dando forma audible a lo que no sabemos decir en voz alta.
Una pieza que condensa una trayectoria
Let Me Go! es una creación de MA Produkzioak, el proyecto artístico de Marga Altolaguirre, actriz, dramaturga y directora con más de quince años de investigación en torno a la identidad, la memoria y el inconsciente. La compañía, integrada en la estructura de Blackstar S.L., ha desarrollado un lenguaje escénico propio que combina teatro físico, música en vivo, performance y un uso profundamente poético de la escena.
Esta obra representa la madurez de una línea creativa que lleva años explorando la fragilidad emocional, la necesidad de verdad escénica y la potencia del artificio teatral como forma de revelación. Let Me Go! no es solo una historia; es una experiencia sensorial y emocional diseñada para que cada espectador pueda reconocerse en ese gesto tan humano y tan difícil: dejar ir.
Un espectáculo para sentir, pensar y recordar
Con una duración de 80 minutos y un formato adaptable a teatros pequeños, medianos y grandes, Let Me Go! está concebida para girar con agilidad sin renunciar a una fuerte identidad estética y emocional. Es una obra que interpela a diferentes generaciones, especialmente a quienes viven en la frontera entre la precariedad material y la saturación afectiva, entre lo que duele y lo que no queremos soltar.
Porque, al final, la pregunta que late en el corazón de la obra es tan sencilla como devastadora:
¿Podemos realmente dejar ir aquello que nos hizo sentir vivos?

