TENAZ DISTRIBUZIOAK
Donde las obras encuentran su lugar
Donde las obras encuentran su lugar
¿Por qué La Tenaz?
¿Por qué La Tenaz?
Elegimos el nombre La Tenaz porque resume nuestra esencia: la perseverancia. Somos una distribuidora que no suelta tu obra, que la sostiene, la impulsa y la acompaña hasta que encuentra su lugar. Venimos del latín tenax: firme, constante, difícil de quebrar.
Así trabajamos.
Así abrimos caminos.
La Tenaz: cuando la perseverancia se convierte en camino
En un panorama cultural donde las obras a menudo se pierden en el ruido, La Tenaz nace con un propósito claro: sostener, acompañar e impulsar proyectos artísticos hasta que encuentran su lugar. Nuestro nombre no es casualidad. Proviene del latín tenax, que significa firme, constante, difícil de quebrar. Una palabra que define no solo lo que hacemos, sino cómo lo hacemos.
En La Tenaz creemos en la fuerza de la perseverancia. En el tiempo que necesita cada obra para desplegarse. En el cuidado que merece cada artista durante el proceso de distribución. No trabajamos desde la prisa ni desde la inercia, sino desde la convicción de que una obra encuentra su camino cuando alguien decide no soltarla.
Nuestro compromiso es acompañar a creadoras y creadores con una mirada cercana, humana y estratégica. Nos involucramos de manera activa, trazando rutas, abriendo puertas y construyendo redes que permitan a cada proyecto llegar a su público natural. Porque la distribución no es solo logística: es un acto de fe en el potencial de una obra.
Ser tenaces es comprender que cada pieza artística tiene un ritmo propio. Que algunos caminos son directos y otros requieren insistencia, paciencia y visión. Y allí es donde estamos: firmes, constantes, presentes.
La Tenaz no es solo una distribuidora. Es una forma de resistir, de creer y de seguir.
Una manera de trabajar que convierte la perseverancia en un lugar de encuentro.
La Tenaz: cuando la perseverancia se convierte en camino
En un panorama cultural donde las obras a menudo se pierden en el ruido, La Tenaz nace con un propósito claro: sostener, acompañar e impulsar proyectos artísticos hasta que encuentran su lugar. Nuestro nombre no es casualidad. Proviene del latín tenax, que significa firme, constante, difícil de quebrar. Una palabra que define no solo lo que hacemos, sino cómo lo hacemos.
En La Tenaz creemos en la fuerza de la perseverancia. En el tiempo que necesita cada obra para desplegarse. En el cuidado que merece cada artista durante el proceso de distribución. No trabajamos desde la prisa ni desde la inercia, sino desde la convicción de que una obra encuentra su camino cuando alguien decide no soltarla.
Nuestro compromiso es acompañar a creadoras y creadores con una mirada cercana, humana y estratégica. Nos involucramos de manera activa, trazando rutas, abriendo puertas y construyendo redes que permitan a cada proyecto llegar a su público natural. Porque la distribución no es solo logística: es un acto de fe en el potencial de una obra.
Ser tenaces es comprender que cada pieza artística tiene un ritmo propio. Que algunos caminos son directos y otros requieren insistencia, paciencia y visión. Y allí es donde estamos: firmes, constantes, presentes.
La Tenaz no es solo una distribuidora. Es una forma de resistir, de creer y de seguir. Una manera de trabajar que convierte la perseverancia en un lugar de encuentro.
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Let me Go!
Let Me Go! es una meditación tragicómica sobre una herida universal: la imposibilidad de olvidar. La obra sigue a un hombre que, incapaz de superar a su primer amor, decide hacer cualquier cosa para borrarla de su mente. Ha probado de todo, pero la memoria —caprichosa, indomable— parece tener sus propias reglas. Lo que empieza como un gesto desesperado de supervivencia emocional se convierte pronto en un viaje hacia un territorio que se mueve entre la realidad, el sueño y el delirio.
Let Me Go! es una meditación tragicómica sobre una herida universal: la imposibilidad de olvidar. La obra sigue a un hombre que, incapaz de superar a su primer amor, decide hacer cualquier cosa para borrarla de su mente. Ha probado de todo, pero la memoria —caprichosa, indomable— parece tener sus propias reglas. Lo que empieza como un gesto desesperado de supervivencia emocional se convierte pronto en un viaje hacia un territorio que se mueve entre la realidad, el sueño y el delirio.
¿Podemos realmente dejar ir aquello que nos hizo sentir vivos?
¿Podemos realmente dejar ir aquello que nos hizo sentir vivos?
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